Hay vinos que nacen en un lugar y, de pronto, empiezan a abrir caminos mucho más lejos.
Las Pizarras Fabla #506 nace en Calatayud, entre viñedos de altura, suelos de pizarra y pueblos que saben más de resistencia que de focos. Pero este año, gracias al Concurso Mundial de Bruselas, donde este vino ha obtenido 95 puntos, nuestro Fabla ha puesto un pie en Bélgica.
Y claro. ¡Cómo nos íbamos a quedar nosotros en tierra!
Así que hemos decidido irnos hasta allí para llevarte virtualmente a descubrir juntos este país cuya primera parada nos lleva a la capital.
Bruselas, menos solemnidad de la que parece

Bruselas tiene fama de seria.
Que si capital europea, que si decisiones importantes…
Pero basta pasearla un poco para que esa imagen se tambalee.
Aquí conviven la Grand-Place, las fachadas doradas, el Art Nouveau, las galerías elegantes, los cómics pintados en las paredes, Tintin, las chocolaterías, las cervezas imposibles y ese pequeño personaje llamado Manneken-Pis, que demuestra que una capital así también puede tener sentido del humor.
Bruselas es así, institucional por fuera, juguetona por dentro.
Y quizá por eso nos parece un buen lugar para abrir Fabla #506. Un vino que también tiene varias capas. Por un lado, la seriedad de Calatayud: altura, piedra, viñedos exigentes. Por otro, una parte más jugosa, fresca y directa, que aparece en la copa sin pedir permiso.
Fabla está elaborado con Garnacha y Syrah. Una combinación singular dentro de Las Pizarras, una colección que habla de Calatayud pueblo a pueblo, viñedo a viñedo, suelo a suelo.
Y si quieres probarlo cerca de Bruselas, apunta esta parada:
Brouwerhuis, en Huizingen
A veces, los mejores planes no están exactamente donde los buscabas. Huizingen queda a un paso de Bruselas, lo bastante cerca como para escaparte sin complicarte el viaje y lo bastante fuera del centro como para que la parada tenga ese punto de descubrimiento que tanto nos gusta.

Allí, en el Restaurante Brouwerhuis, puedes sentarte a la mesa y probar Fabla #506 lejos del ruido de la capital, pero con Bruselas todavía en el retrovisor.
El chef Xavier Mushiete nos propone dos caminos para disfrutarlo: un rib-eye, directo, jugoso y sin demasiadas vueltas, o su mijoté de queue de boeuf façon Xavier, un rabo de buey guisado al estilo Xavier que pide copa, pan y cero prisa.
Dos platos con fondo para un vino que también lo tiene.
Antes de perder Bruselas de vista para seguir ruta, dos paradas más.
La primera: Delirium Village. Si además del vino te gusta la cerveza, aquí hay parada obligatoria. No es exactamente un sitio para pasar ‘un ratito’ y ya. Es más bien un pequeño mundo cervecero escondido a pocos pasos de la Grand-Place, con ese punto canalla, turístico y local a la vez, donde entiendes bastante rápido que en Bélgica la cerveza también se toma muy en serio.
La segunda: las Galeries Royales Saint-Hubert. Puede que ya las tengas en el radar, pero merece la pena volver a mirarlas. Recién restauradas, luminosas y, sencillamente, preciosas.
Brujas, belleza medieval y mucha historia

Pero Bélgica es mucho más que Bruselas. Por eso en la siguiente parada te llevamos a Brujas. Y aquí el cambio de ritmo se nota enseguida.
Canales, fachadas escalonadas, puentes, bicicletas, plazas medievales, campanas, chocolate en cada esquina…
Brujas es de cuento.
Pero no vamos a dejar que el cuento acabe ahí.
Porque entre Brujas y Gante, dos ciudades que merecen absolutamente el viaje, aparece nuestra parada gastronómica de esta ruta: Aalter.
Quizá no estaba en tu lista de imprescindibles belgas. Precisamente por eso lo elegimos. En Raíces On Tour nos interesan esos lugares que no siempre se llevan el titular, pero donde de pronto pasa algo que merece la pena contar.
Y en este caso, lo que pasa está en Restaurant Vier, donde puedes sentarte a la mesa y probar Fabla #506 con uno de sus platos estrella: costilla de ternera cocinada a baja temperatura durante 72 horas, marinada con una mezcla de especias en la que aparecen las bayas de enebro.

El plato viene, además, con salsa Blackwell y grosellas espinosas encurtidas, así que ya te puedes imaginar el plan: carne melosa, especias, acidez, profundidad y una copa de Calatayud redondeando el momento.
¡Ahí es nada!
Knokke, el mar del Norte y otra forma de cerrar el día

Y ahora sí, nos vamos hacia la costa.
Knokke-Heist está junto al Mar del Norte y tiene ese punto de destino de playa elegante, relajado y muy belga. Arena, brisa, terrazas, bicicletas y una luz que, al final del día, te deja más que satisfech@.
Pero Knokke no es solo playa.
Aquí se encuentra el Zwin Natuur Park, la reserva natural que ocupa parte de aquel antiguo estuario que un día conectó Brujas con el mar. Donde antes hubo paso de barcos, comercio y mercancías, hoy hay aves migratorias, marismas, senderos y un paisaje que cambia con las mareas.
Es un lugar precioso para entender que la historia no siempre se conserva en piedra. A veces se queda en el paisaje.
Y después del paseo, llega nuestra última parada para probar Fabla #506 en esta ruta belga: Restaurante De Zes Bochten.
Aquí el chef nos recomienda un plato muy de territorio: estofado flamenco con cerveza Damse Viven ‘al estilo de la abuela’, ensalada de endivias y patatas fritas.

Brisa del Mar del Norte, cocina flamenca y una botella de Fabla…
Nada mal para cerrar el día.
Calatayud en una mesa belga
Lo bonito de este viaje es que no va solo de Bélgica. Va de llevar Calatayud a otro lugar.
De imaginar una botella nacida entre suelos de pizarra, viñedos de altura y pueblos pequeños descorchándose en Bruselas o en Brujas. De poner en la misma mesa dos paisajes que parecen lejanos, pero que se entienden muy bien.
Para que alguien, desde una mesa en Bélgica, pueda acercarse por un momento a Calatayud y entender que allí hay algo que merece ser descubierto.
¡Nos vemos en el próximo Raíces On Tour, wine lover!